Donde mi cuerpo no sea
estrecho para mi alma
y pueda ser libre sin estar
atada
a una armazón de huesos,
ropas y marcas.
Un camino sin pavimento
una ciudad sin cemento
en el camino y en la ciudad
perdida, solitaria, fantasma.
Abandonaría la materia para ser llevada
a vivir en el árbol en su hoja seca, caída y pisada
Le dejaría mi voz al que no
habla
le daría mis ojos al que no ve nada
para estar en cada grito
desesperado
en cada paisaje que mira y que anda
el que antes no veía, el que antes no gritaba
Seria un pueblo de calles
angostas y casas coloradas
estaría en los cuentos de los viejos para ser contada
con sus caras viejas y
cansadas
con sus voces tristes y pausadas
estaría en los niños que
los escuchan, brincan y bailan.
me encontraría en el polvo de la
calle que se levanta
con cada paso que deja
historias de muertos y embarazadas.
Viviría en tu pecho reposando agitada
en tus manos que me acarician
y trabajan
en el que llora y sufre
en el que goza y se embriaga
en la sangre y en el aire que corren
por el camino, la ciudad, el pueblo y la montaña
cualquier cosa que no sea estrecha para mi alma.
