lunes, 1 de agosto de 2016

ENCUENTRO

Deseó verlo otra vez, como la última tarde. Ana, desde hace cinco años solo anhela volver. Todos los días recorre en su pensamiento cada detalle: calles caminadas, sitios frecuentados, rutas conocidas, sabanas mojadas, una casa azul, y un rostro que no ha olvidado. Tal vez, si volviera a aquellos parajes, a los mismos sitios, lo buscaría y lo encontraría intacto, como la última vez, entonces, lo recuperaría y como en una historia maravillosa, el final sería mejor que el inicio. Dicen, que aun cuando volvemos a los mismos escenarios, con las mismas personas, a la misma hora,  los momentos no se repiten, es una ley para hacerlos únicos. Sin tener en cuenta el índice de error, Ana, toma una decisión, una maleta, un ticket, y un autobús y se lanza al encuentro. Piensa durante todo el trayecto que no lo quiere a él, quiere el instante.
Toma el autobús el lunes para llegar el miércoles. A las tres de la madrugada llegara  a la terminal, donde alguna vez él la espero, se subira  a un taxi y le indicara al conductor - a Pandíaco - ese barrio con nombre fantástico, como la Zarabanda, donde dejo danzando instantes perdidos.
Miércoles en la terminal, tres de la madrugada. Ana toma el taxi, indica al conductor -a Pandiaco-  reboza de ansiedad porque el taxi sea más rápido, tan rápido como el auto del futuro, esa vieja película que un domingo en la tarde vieron, Volver al Futuro, así precisamente sería su regreso pero al pasado.
La casa azul es amarilla, Ana baja del taxi, sus ojos son lagunas, tiene por corazón miles de dudas. Un hombre abre la puerta, la llama por su nombre, y en una interrupción afanada, por ganarle al tiempo e impedir que nuevamente se pierda, Ana, pronuncia lo que tantas noches ha planeado
- Supe que eras  igual que yo cuando dijiste que me querías en medio de llanto, cuando por última vez desde mi ventana nos despedimos. Supe que eras igual que yo durante todo este tiempo, en el que solo anhele volver a ver a tus calles, a tus ojos, a mis ojos, a nuestros ojos, que lloran ilusiones perdidas y que miraron al mismo cielo. Es miércoles y he regresado, no por ti, por el instante, por las calles, los lugares y los recuerdos.
Ana ha olvidado la única advertencia:los encuentros son irrepetibles, la vida no es una rueda que pueda detener y volver a impulsar hasta el punto de partida.
Al fondo de la casa, ahora amarilla, se escucha la voz de una mujer que no es la de Ana, que nunca será la voz de Ana, la que reemplaza en el final de la historia maravillosa a Ana. 
A manera de destino o una insoportable falla humana, siempre llega tarde, a todos sus encuentros, a todos sus recuerdos, y a él.





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