lunes, 11 de enero de 2016

PSICOLOGÍA DEL FUMADOR


El humo es el suspiro, el tabaco la hoja para escribir.
Aspira soledad en privado,
llena sus pulmones de pensamientos,
exhala las angustias,
no es el cigarro, es el momento.
El momento tan lleno de recuerdos de lo que fueron otros tiempos,
el estudio del presente que se esta viviendo, el pasado que fue muriendo.
Puede ser que no piense en nada o puede ser que piense en lo que está sucediendo;
entonces siente el corazón agitado, quiere detenerse y a la vez quedarse sin aliento,
a lo lejos se ve apartado como si fuera un enfermo,
como si el smog fuera más saludable que el humo del cigarro que recorre su cuerpo,
el mismo humo que en cada boquilla se lleva la voluntad de lo que debería haber hecho.
Es la compañía que muere en el pavimento, la que se queda en cada nueva calle que va descubriendo;
camina sin afanes y sin tiempo, no sabe cuantas colillas besara lleno de remordimiento,
el remordimiento que no es tan fuerte como para no buscarlo de nuevo.
Encender se ha vuelto el nacimiento, como la vida que comienza con fuerza para irse extinguiendo
la llama furiosa que es apagada y  pisada en el suelo
como cualquier cosa viva que esta muerta por dentro.






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