Dediquémonos a lo que no de dinero: los sueños, las pasiones,
lo imposible, lo perdido; que nos llama, enloquece, nos llena, nos pide.
Seamos nosotros, no de otros, no ajenos, no extranjeros,
hablemos sin miedo, mirando a los ojos, con la voz fuerte y
firme.
Dediquémonos a vivir
sin pretextos,
corramos, viajemos, escribamos, amemos;
pero que sea profundamente: largo, innumerable, inacabable,
infinito.
Seamos propios: sin fronteras, sin cadenas, sin patrias, sin credos.
tan inmensos, altos, exquisitos,
como ordinarios, comunes y sencillos.
Dediquémonos a ser grandes con los grandes,
pequeños con los pequeños,
mujeres, hombres, ancianos y niños.
Seamos tierra, no asfalto,
casas, no edificios,
lo que vive, no lo
que muere,
lo que se enciende, no lo que se apaga.
Dediquémonos a lo que nos haga vibrar y sentir:
lo fantástico, inimaginable, lo absurdo y genuino.
