miércoles, 27 de febrero de 2019

NO SOMOS CULTIVOS



No somos más que cuerpos, pieles y formas, el alma no existe y quienes creemos en ella no existimos para los demás. Un cuerpo, con piernas largas, pechos dispuestos y labios carnudos. Escotes, tacones, labiales rojos, encajes. No somos más que eso ¿Para qué cultivarse? ¿Para qué alimentarse? ¿Para qué construirse? no somos lo que hacemos, somos lo que vemos, lo superficial. Me gusta sentarme a ver gente, las cinco de la tarde, es mi hora favorita. Veo personas repetidas, diferentes pero iguales: los mismos zapatos, las mismas camisas, los mismos bolsos, los mismos peinados, las marcas sobre cueros, los letreros en los pechos ¿para qué cultivarse? Estamos secos, marchitos y muertos. Tenemos sexo mil veces, nuestro cuerpo tiembla, nos vaciamos las ganas, nos mordemos las bocas, aruñamos y lanzamos un grito hasta la saciedad. Pasión. ¿Para qué nos cultivamos? Tomemos los cuerpos, escojamos un cuerpo entre todos los cuerpos, para esta noche, para mañana, pero sin infinidad ¿para qué nos cultivamos? No tenemos raíz ni profundidad. Nos vamos a cansar pero empezaremos, una y otra vez la batalla, buscando lo que se acaba, comiendo hasta defecar. Es eso, no somos cultivos, no florecemos. Somos cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos. Unos más fuertes que otros, unos delgados, otros obesos, unos firmes otros livianos. Somos cuerpos. Los comemos, los destrozamos, llenamos con ellos nuestras bocas, escupimos los sabores, olemos los rincones, anochece y amanece y volvemos a empezar ¿para qué nos cultivamos? Somos cuerpos, cuerpos, solo cuerpos. Solo un cuerpo entre miles de cuerpos.