No somos más que cuerpos, pieles y formas, el alma
no existe y quienes creemos en ella no existimos para los demás. Un cuerpo, con
piernas largas, pechos dispuestos y labios carnudos. Escotes, tacones, labiales
rojos, encajes. No somos más que eso ¿Para qué cultivarse? ¿Para qué
alimentarse? ¿Para qué construirse? no somos lo que hacemos, somos lo que
vemos, lo superficial. Me gusta sentarme a ver gente, las cinco de la tarde, es
mi hora favorita. Veo personas repetidas, diferentes pero iguales: los mismos
zapatos, las mismas camisas, los mismos bolsos, los mismos peinados, las marcas
sobre cueros, los letreros en los pechos ¿para qué cultivarse? Estamos secos,
marchitos y muertos. Tenemos sexo mil veces, nuestro cuerpo tiembla, nos
vaciamos las ganas, nos mordemos las bocas, aruñamos y lanzamos un grito hasta
la saciedad. Pasión. ¿Para qué nos cultivamos? Tomemos los cuerpos, escojamos
un cuerpo entre todos los cuerpos, para esta noche, para mañana, pero sin
infinidad ¿para qué nos cultivamos? No tenemos raíz ni profundidad. Nos vamos a
cansar pero empezaremos, una y otra vez la batalla, buscando lo que se acaba,
comiendo hasta defecar. Es eso, no somos cultivos, no florecemos. Somos cuerpos,
cuerpos, cuerpos, cuerpos. Unos más fuertes que otros, unos delgados, otros
obesos, unos firmes otros livianos. Somos cuerpos. Los comemos, los
destrozamos, llenamos con ellos nuestras bocas, escupimos los sabores, olemos
los rincones, anochece y amanece y volvemos a empezar ¿para qué nos cultivamos?
Somos cuerpos, cuerpos, solo cuerpos. Solo un cuerpo entre miles de cuerpos.
