lunes, 14 de septiembre de 2020

Sobre la violencia



Violencia, viene del latin violentia, cualidad de violentus (violento) que a su vez viene del vis ( fuerza) olentus (abundancia). Son muchas las décadas en las que Colombia ha utilizado la palabra y generaciones enteras heredado la verbalización del adjetivo.
Inicio este escrito desde la etimología de la palabra para tratar de aproximarme a las últimas semanas en las que hemos tenido que repetirla. Nuestro reflexionar sobre la etimología de las palabras es tan poco que olvidamos que surten un efecto entre lo que se ve, se quiere decir, nos quieren decir y lo que realmente sucede. Es así como pido que leamos a partir de la raíz de la palabra como forma y efecto en nuestra sociedad. 

Alguna vez escribí sobre la defensa de la Violencia asumiéndola como principal vivencia humana desde nuestro nacimiento. Nacer -físicamente- ya es un acto que desprende dolor entre dos seres vivos: madre e hijo (de hecho todavía se tiene la creencia que una mujer debe dar a luz sintiendo el dolor del desprendimiento de su carne). Lo anterior no pretende ser justificación alguna sobre la barbarie ni mucho menos las violaciones, trata de acercarse a esa palabra que aún siendo tan precisa y tan fuerte puede ser utilizada de manera muy ambigua. 

Ningún individuo en su vida puede decir que no la ha experimentado si la misma crisis humana es en su naturaleza violenta, si cualquier cambio por insignificante que sea tiene que ser violento. Es la violencia la palabra que ha libertado pueblos, transformado sociedades, ganado libertades pero también es la violencia la que ha reprimido, ha sostenido estados totalitaristas, ha desaparecido y por supuesto ha asesinado. ¿Es entonces la raíz de la palabra, desde donde se exprese, la condición para aceptarla o rechazarla? Para poder responder a esta pregunta tendríamos que entrar en el debate de los moralismos socialmente impuestos.

La violencia fue también llamada al período del conflicto armado interno en Colombia. Desde El Bogotazo, que partiría nuestra historia social en dos, la palabra ha sido empleada para instaurar gobiernos y masacrar poblaciones enteras, desde nuestros ancestros hasta las actuales generaciones. 

Solo la violencia generada es reaccionaria con más violencia. El principal motivo de este escrito es desde mi orilla hacer una defensa propia de la indignación del pueblo colombiano. A puertas de un estado totalitarista y arbitrario donde se ejerce desde la fuerza pública la brutalidad propia de un régimen, no se puede llamar a la expresión de la furia del pueblo vandalismo ni crimen organizado. ¿Es violencia? sí. Es la violencia propia de ciudadanos ya violentados y no se puede estigmatizar.

No podemos permitir caer en la ambiguedad de la palabra, en su defensa desde el gobierno y en el rechazo desde el pueblo. No podemos convertirnos en jueces del sentir de la masa ni llorar muros derrumbados mientras nos asesinan. Si es la protesta violenta el estado también lo es. 

Que este no sea el principio de un nuevo conflicto, que la palabra se resuelva desde el actuar de un estado que escuche a sus víctimas y se reforme.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Los poetas alegres

Que venga la alegría con todo su ruido
para terminar con el silencio y con el dolor
que vengan los poetas hermanos para llenar las calles 
entonando melodías en una sola voz 
hoy será nuestro corazón el júbilo
el que salte, brinque y quiera bailar
abracémonos compañeros poetas
¡embriaguémonos!
con besos, con versos, con libertad.

Los poetas alegres somos posibles
entre tantas decepciones que nos abaten después
hoy quiero encenderme en una sola llama
quiero sentirme viva
quiero volver a nacer
son muchas las penas que me atormentan
mi tristeza no puede más
¡Poetas alegres! ¡todos vengan! 
¡embriaguémonos de felicidad! 
hoy vengo cansada
hoy vengo herida
necesito cantar
necesito bailar 
tengo derecho también a la alegría 
aunque a veces se me antoje frivolidad.