Donde mi cuerpo no sea
estrecho para mi alma
y pueda ser libre sin estar
atada
a una armazón de huesos,
ropas y marcas.
Un camino sin pavimento
una ciudad sin cemento
en el camino y en la ciudad
perdida, solitaria, fantasma.
Abandonaría la materia para ser llevada
a vivir en el árbol en su hoja seca, caída y pisada
Le dejaría mi voz al que no
habla
le daría mis ojos al que no ve nada
para estar en cada grito
desesperado
en cada paisaje que mira y que anda
el que antes no veía, el que antes no gritaba
Seria un pueblo de calles
angostas y casas coloradas
estaría en los cuentos de los viejos para ser contada
con sus caras viejas y
cansadas
con sus voces tristes y pausadas
estaría en los niños que
los escuchan, brincan y bailan.
me encontraría en el polvo de la
calle que se levanta
con cada paso que deja
historias de muertos y embarazadas.
Viviría en tu pecho reposando agitada
en tus manos que me acarician
y trabajan
en el que llora y sufre
en el que goza y se embriaga
en la sangre y en el aire que corren
por el camino, la ciudad, el pueblo y la montaña
cualquier cosa que no sea estrecha para mi alma.

Quise comentar como anónimo, pero eso de ser admirador secreto ya no va conmigo. Me gusta esta entrada de tu blog: algo solitario, pero solidario. Todo un consolidado de versos y verdad.
ResponderEliminarAsí lo percibo, así creo saber de ti, musa y poetisa.
Gracias por compartir un poco de ti con este casual y afortunado lector.
Algunos sabios judíos dicen que el alma no quiere llegar a este mundo, pero cuando ya está de este lado se le hace duro retornar.
ResponderEliminarPero unas pocas almas nunca se acostumbran a esta realidad, y no sienten ese apego y esa resignación que la mayoría experimentan y buscaran siempre salir de esta cárcel
Tu escrito lo interpreto como la voz de esas almas.
Me encanto,
gracias mil por escribir