jueves, 7 de abril de 2016

ALONDRA ESPERA NADA


Alondra el ave y también la solitaria, esperó una hora sentada junto a la fuente del parque; esperaba pero no sabía qué estaba esperando, podría ser una estrella, un relámpago, una nube caída, a Dios o al Diablo. Ahora se le hacía ya seca esa fuente donde siempre había llegado, cansada de la jornada, de la música y el trago.
Alondra más que ave solitaria también era cantante, siempre había cantado en el mismo bar de la esquina de la calle palomas, ahora quería cambiar de lugar para que muchos otros la escucharan.
una hora con quince, seguía esperando. Si se llamara Penélope y no Alondra, el ave, la cantante y la solitaria, no esperaría sentada junto a una fuente sino en los palos de una banca, no buscaría otro bar donde cantar y embriagarse, sino otra playa, más grande e infinita donde pudiera seguir esperando nada.
Pero la realidad siempre es otra;  Alondra no es Penélope, no va a cambiar de bar y muy probablemente jamás tenga un gran escenario. Nunca va a tener una estrella, ni va a caer una nube o un relámpago  y mucho menos va a llegar Dios o el Diablo.

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