Un lugar de desesperanzas y melancolías, donde los desengañados puedan vender sus lágrimas.
Sillas azules que se balanceen cada vez que se sienten sus recuerdos con mesas redondas para colocar sus desilusiones.
A la entrada habrá un gran letrero que se encienda y se apague como sus vidas.
El patio estará lleno de piedras de colores y vacíos... para que a la orilla cualquiera pueda lanzarse.
Nadie consolara a nadie ni tampoco nos salvaremos
Luces rojas y azules:
las rojas de la pasión que alguna vez sentimos, las azules de nuestra tristeza.
El techo es importante:
fracasos colgados en sus vigas.
En la distancia brillaremos y toda la ciudad sabrá que allí mueren sus esperanzas.
Sus muros estarán llenos de vitrales:
se mojaran con el aliento de los gritos que no se escuchan, de las bocas que no se besan, de los labios que no se muerden.
Pienso en un lugar donde siempre sea de noche sin importar la hora.
que no tenga el engaño del día ni la falsa idea del comienzo.
Siempre será final, nunca amaneceremos (amanecer es creer y en nuestro lugar nadie creerá en nada ni en nosotros mismos.)
Solo entrarán los que inventan vidas y pasados
los que odian y aman de la misma forma
los que hoy son uno y mañana otro
los que no esperan
los ansiosos
Las paredes se cerrarán y solo se volverán a abrir con lluvia
la lluvia de adentro
la lluvia por dentro
como la tuya y la mía
como la lluvia que somos
SIEMPRE
Lloveremos siempre doleremos
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