esa fina línea
los huesos, la carne, el dolor de vestirlos
la amenaza por la corporeidad
¿Si después no duele?
¿Si luego no sentimos?
¿A qué tememos?
agonía
espejo
agonía
los días se repiten
los días infelices
las mañanas distintas tal vez no volverán.
Esperanza, palabra que nunca llegó
late
interminablemente, profundamente
la ausencia
la ausencia y el dolor
¿Era esta la espera?
¿Era esta la promesa?
es la incertidumbre de la nada
es el peso de las horas
son las calles con el miedo
son las puertas cerradas
son los salones vacíos
son los ecos de las risas apagadas
son los semáforos que no cambiaron su color
no,
no fue el porvenir
no,
no fue el futuro
son los rostros cubiertos
son las gentes en las calles
son las balas perdidas
son las vidas cegadas
son las cintas que indican prohibido
son las miradas confundidas
nos siguen hiriendo la corporeidad.
En las ciudades
no fuimos nosotros
ni los viajeros
ni los constructores
ni los dueños
ni los guardianes
jamás nos pertenecimos
¿Es este un permiso para no respirar?
Permiso, quiero caminar
permiso, mi esqueleto es un temblor
aquel muchacho herido
muere en el asfalto minutos después.
Entregaremos cadáveres que se dijeron nuestros
nos abrazaremos en las filas de los anónimos
nos perderemos en las listas de los tristes
en un flujo de nadies sin razón.
Agua de lo que no fuimos
pellejos de corporeidad.
Recuerdame en el mar, la patria infinita y azul, allí me quedé cuando me despedí.
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