domingo, 18 de septiembre de 2016

MADRUGADA

Como hace cinco meses, Manuel, despierta siempre a la misma hora. Una habitación oscura con una ventana abierta donde cuelga los móviles de viento que colecciona hace cinco años, esos móviles que advierten con campanillas que se mueven sutilmente, la primera brisa del  día que nace.
Manuel lentamente se sienta al borde de su cama, mira la ventana, vuelve a cerrar sus ojos, vuelve a abrirlos, y justo frente a su colección de móviles se dispone a estar de pie, mira la otra ventana, la que no es suya, la del frente, la que siempre se enciende a las cinco de la mañana, entonces,ella se ve en esa ventana, no tiene nombre, al menos Manuel nunca ha sido siquiera capaz de preguntarlo y nunca lo hará, nunca esta sola, trabaja cinco días a la semana, martes a sábado, cinco clientes por noche; el domingo es para Dios, el lunes para exfoliar. Manuel, desde su habitación oscura, desde su ventana, escondido detrás de sus móviles, repite  la misma escena: cuerpos cansados, lentamente se acarician, sueña ser él, se fatiga, se toca y se besa, cierra la ventana, los móviles quietos y vuelve a dormir. 



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