martes, 24 de enero de 2017

EL CAMINANTE ES EL LECTOR

El caminante es lector y combatiente de monstruos: Nissan, Renault, Mercedes, Chevrolet.
Combate rostros detrás de las ventanas; de los  colores del semáforo: amarillo, rojo y verde; de la cebra del asfalto: rayas blancas y negras; anda por las calles: solitario, perdido;  se confunde entre los nuevos edificios: de cinco, de diez, hasta dieciséis pisos. Las viejas casas se tumbaron, se olvidaron como los ancianos, ya los niños no juegan en la calle, el salón social los ha encerrado, ya los taburetes sostenidos contra las puertas altas de madera no existen.
El caminante sabe que las almas están encerradas: en las paredes y en las esquinas.
El caminante es el contador de historias, se sienta en las bancas de los parques, no habla, escucha, su lectura es una sola: cada vida es un libro. ¿Qué le espera a esa muchacha?  ¿A ese vendedor? ¿A ese niño? todos pasan a la misma hora, pisan el mismo suelo, el suelo de los miles de muertos que también pasaron afanados.
El caminante es el pasado: anda entre el presente y se niega al futuro, es el que nunca lleva reloj y no marca tarjeta. Observa una flor, tiene fijación por los colores, nunca cuenta sus pasos, no tiene ruta definida pero las conoce todas, llega para no quedarse y jamás repite más de cinco historias en un solo día.
El caminante es la calle, es el andén, es el asfalto, es la mirada profunda a lo cotidiano.



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