Una deliciosa melodía se escucha a lo lejos, se acerca, es el vigilante flautista.
Nadie diría que es un flautista puesto que siempre lo escuchan con el mismo silbido de las noches, algunos le llaman el
sereno. Él, es el silbido que advierte que el área está segura, Leonardo siempre
pensó que los flautistas solo se encontraban en la academia de artes y de música,
hasta que encontró entre las cosas de navidad, que le dio su jefe, a quien le vigilaba la casa, una
flauta (no nueva, la gente con estatus no regala cosas nuevas, regala cosas en
buen estado, eso hace notar que son de buen corazón) cuando Leonardo, vio esa flauta ya no quiso llevar entre sus labios un silbato, ya no quiso ser
solo vigilante, ahora sería el vigilante flautista, y así, como el de Hammelin,
la historia que una vez escucho de la chica de las flores y los cuentos, él se
imaginaba atrayendo a los ladrones con su flauta, en fila, detrás de su bicicleta.
Nunca había ido a la academia, pero fue suficiente querer aprender, por lo menos
eso siempre escuchaba en las propagandas de las carreras técnicas, esas carreras
que hacen las personas que no pueden ir a la universidad.
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