martes, 30 de noviembre de 2021

El Pájaro que Canta Cada Diez Amaneceres

Tres plumas azules lloran en su selva. Su cuerpo, menudo y pequeño, se colorea con el rojo. Nadie lo ha visto excepto el décimo amanecer naciente. Tiene un canto delgado, tan agudo, que se pierde como el triste arrullo de una serpiente camuflada. El pájaro que canta cada diez amaneceres sabe que solo siete cantos emite durante toda su vida. El último, el de su muerte, es el más largo, el más sentido y el más eterno. Sus plumas coloradas las guarda, el pico lo eleva. Prendidos hasta el sol apuntan sus ojos. Amarillos, brillantes y encendidos, con un sugestivo negro, un negro de augurio de su pupila. Su corazón es liviano, como el de todos los pájaros. Late rápidamente pero jamás nadie lo escucharía melancólico. No es hembra ni es macho, puede sentir el dolor de las entrañas y posarse con jerarquía. Alguna vez lo he sospechado en la distancia. Sus recorridos suelen ser cortos pero seguros. El pájaro que canta cada diez amaneceres no tiene nido ni crías. La soledad lo impulsa por el cielo que solo es testigo de su existencia. Lo han visto posado sobre una rama del árbol del desasosiego no más de seis segundos. Si caminas por la montaña de falda plisada y cima de punta elevada tal vez lo veas. Cierra tus ojos y ábrelos de nuevo, el ya habrá dado un vuelo circular sobre tu cabeza. Abre tus manos, no todos los días sopla el viento con la levedad de sus plumas. Llora, no todos somos poetas ni amamos el canto de cada diez amaneceres de un pájaro.

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